Productividad y GTD

Ratas productivas, ¡no seas ese tío!

AUTOR: Samuel Casanova

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Productivity rats

Uno de los secretos productivos más importantes para toda persona es el cuidado físico. Personalmente siempre he preferido el gimnasio, por ser para mí el deporte “más productivo”. En los gimnasios, como en una oficina, te puedes encontrar todo tipo de practicantes, desde el que empieza el primer día hasta los más fanáticos. Fruto de esta diversidad se producen todo tipo de malas prácticas que, más allá de que muchas sean divertidas, ponen en riesgo la correcta actividad del lugar y de los presentes.

En una oficina también conviven muchos trabajadores con prácticas de dudosa eficacia desde el punto de vista de la productividad, tanto para ellos como para los que les rodean. El problema de base es el mismo. Si nadie te enseña, lo que haces es actuar en base a tus creencias y sobre todo copias lo que ves.

Existe una serie en Youtube llamada Gym Rats que describe en clave de humor todo este tipo de malas prácticas y practicantes. Sin llegar a hacer una serie de videos, podemos encontrar y describir a las “ratas productivas”. A continuación os describo los principales ejemplos que a más de uno le sonarán.

El campista de reuniones

Esta persona no tiene un sitio propio, y si lo tienen está siempre vacío porque él siempre está de reuniones. Se le conoce por poseer el kit más completo para perder todo el tiempo del mundo en las reuniones a las que va. Se lleva el portátil, el móvil, la libreta, el bocata… Evidentemente no se los lleva como elementos decorativos, en el momento en que la reunión comienza hace uso intensivo de todos los artilugios que ha llevado consigo, ya que es perfectamente capaz de mantener su concentración en la reunión, mail, whatsapp, skype, y todo lo que le eches sin perder una pizca de atención.

Al final, el hecho de tener un hueco en la agenda le provoca tal ansiedad que rápidamente busca una sala de reuniones próxima donde se celebre alguna reunión en la que haya alguien conocido para poder sumarse “a ver si puede ayudar en algo”.

El interruptor

Estás tan tranquilo en tu sitio, trabajando en tu portátil con los ojos puestos en tu pantalla, con los cascos para mitigar el ruido ambiente, todo va como la seda y estás concentrado en tu trabajo. De repente aparece de la nada, se acerca irremediablemente hacia ti y se sitúa estratégicamente a tu lado de forma que puedas verlo. Intentas mantener tu mirada fija en el monitor y fingir que sigues trabajando, pero es tarde, ya estás en las garras del interruptor. Es inútil, no se dará por vencido, si intentas ignorarlo golpeará en el hombro repetidas veces hasta que le hagas caso.

No insistas en explicarle que estás ocupado en algo importante porque no te escuchará. Implacable el interruptor habrá conseguido su objetivo, interrumpir lo que estuvieras haciendo, por muy importante que fuera. Lo suyo no puede esperar.

El nomofóbico

Érase una vez un hombre a un móvil pegado… El adicto al móvil es fácilmente identificable. No pasa ni 10 segundos sin mirar a su móvil, ya que es tal el trabajo que desempeña con este dispositivo que no puede dejar de consultarlo por si hay algo importante y urgente que solo depende de él que deba responderse de inmediato.

No importa que esté en una reunión, trabajando, comiendo… Incluso si estás tratando de mantener una conversación con él, verás cómo en cuestión de segundos su mirada se apartará de tus ojos para mirar la pantalla de su móvil cada tanto. Hasta el momento en el que le entre una notificación, en ese caso su dedo índice se levanta implacable y pronuncia un “me disculpas?”, todo un gesto considerado para que no malgastes tus energías continuando la conversación ya que ha dejado de escucharte para atender a lo que sea que le ha llegado. Si se trata de una llamada, ya puedes dar la conversación por terminada, ya que sus capacidades de atender y alargar las conversaciones telefónicas del nomofóbico son inversamente proporcionales a sus capacidades para hacer lo mismo en persona.

El comportamiento se extiende a la vida personal. Cómodamente sentado en el sofá mirando una serie, deberá mantener su frecuencia de revisiones intacta y así su profesionalidad si no quiere que algún correo electrónico o whatsapp quede desatendido por intentar desconectar un rato.

El megaestructuras-Diógenes

La información es poder. Eso lo sabe tan bien este empleado, que ha ideado un sistema de carpetas espectacular, con cientos de niveles y subniveles por los que navegar que clasifican perfectamente toda la documentación que posee. No importa de qué sea el PDF que caiga en sus manos, es información valiosísima que deberá guardarse en algún lugar de su repositorio, y si no existe categoría donde guardarlo, se crea. No se puede eliminar ningún documento pues es muy posible que lo necesitemos en el futuro, quién sabe.

En su correo tiene una estructura parecida. Bajo la bandeja de entrada de Outlook tiene una jerarquía imposible de carpetas y subcarpetas que clasifican los correos por temática para que después poder encontrar un mail sea cosa de niños. Evidentemente tiene reglas automáticas de correo que dispersan algunos correos entrantes por todas las carpetas posibles antes de leerlos, de modo que leer el correo es tan cómodo como ir carpeta por carpeta saltando de temática en temática en busca de correos nuevos. Todo ventajas.

Como no todos los correos se pueden clasificar de forma automática los que quedan en la bandeja de entrada, una vez leídos, se tienen que clasificar manualmente a su carpeta para después poder encontrarlo, ya que recordemos el buscador es de cobardes.

Concluyendo

Evidentemente todos los ejemplos han sido manipulados y llevados al límite para aumentar el dramatismo. Estoy seguro de que no conoces ni has conocido nunca a nadie tan extremo como los ejemplos que he descrito…

¿O sí? ¿Te ha venido alguien así a la mente mientras leías? Cuéntame, estaré encantado de escuchar sus proezas.

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