Productividad y GTD

El Arte de Tomar Decisiones

AUTOR: Francisco Sáez
Blog productivity

En este artículo no te voy a explicar cómo debes tomar tus decisiones (¿quién soy yo para eso?). Simplemente, te voy a exponer una serie de hechos y teorías sobre el proceso de toma de decisiones. La idea es que si conoces bien el proceso por el que tomas tus propias decisiones, serás capaz de tomarlas más efectivamente. Además, por qué no decirlo, conocer como trabaja la mente en este tipo de procesos también te otorga la capacidad de influir en las decisiones de otras personas (si trabajas en publicidad, marketing o ventas, eso te interesa).

Tomar decisiones es seguramente la actividad más importante que eres capaz de realizar cada día. Todos los días tomas unas cuantas; algunas no parecen muy trascendentes, como decidir qué ropa te vas a poner o qué vas a comer, y otras, como decidir qué vas a hacer y qué no, determinarán tu futuro inmediato y prepararán el terreno para otras decisiones más importantes que fijarán el rumbo que tomará tu vida.

Incluso no hacer nada con respecto a un problema es también una decisión. Si has visto la película Sliding Doors, protagonizada por Gwyneth Paltrow, ya sabes que incluso una pequeña decisión puede cambiar tu vida (en la película, la protagonista duda entre recoger una muñeca que se le ha caído a una niña y perder el tren, o coger el tren sin ayudar a la niña; cada decisión genera una secuencia de acontecimientos muy diferente).

Según Philip Tetlock, catedrático de Psicología en la Universidad de Pennsylvania, hay 3 formas básicas de abordar las decisiones:

  1. De una manera racional. Realizas un análisis racional a fin de obtener el mejor resultado posible. Das un valor a cada alternativa y eliges la opción con el valor más alto. Suele utilizarse en cuestiones económicas y financieras, y aunque pienses que es el enfoque que más utilizas, no es así. Hoy en día hay bastantes evidencias de que, como individuos, no solemos decidir de esta manera.
  2. De una manera psicológica. Más intuitiva. Aquí utilizas la lógica y la estadística para llegar a conclusiones sobre el mundo y el comportamiento de las personas. Has desarrollado una serie de mecanismos cognitivos que te permiten enfrentarte a entornos adversos, contra los que dispones de pocos recursos. Así que utilizas, muchas veces inconscientemente, estrategias heurísticas basadas en tu experiencia, que reducen considerablemente la complejidad de la decisión a unas reglas más sencillas. Por ejemplo, asociar una marca a productos de calidad te empuja a elegir esos productos sin pensar demasiado (“si es de X, tiene que ser bueno”).
  3. De una manera social. A diferencia de los anteriores enfoques, no basas tu juicio en la limitada información de que dispones. Vives en un mundo en el que la sociedad establece tu percepción de los hechos (desde qué tipo de ropa está de moda hasta la importancia del matrimonio), y esto influye totalmente en tus decisiones. Te preocupa mucho cómo entenderán tus decisiones los demás. Al fin y al cabo, tu supervivencia en la sociedad, o en cualquier organización, depende de tu integración en ella. Estas decisiones pueden ser muy inconscientes, porque ya están prácticamente predeterminadas por tu entorno social (leyes, normas, imitación de los demás, etc.).

Desde cualquier perspectiva, tus decisiones están influenciadas por tu percepción del riesgo. Pero según como definas un problema, percibirás el riesgo de diferente manera. Por ejemplo, si lo defines como una oportunidad de ganar algo, serás más sensible a los riesgos y tenderás a evitarlos; sin embargo, si lo planteas como una pérdida, tomarás más riesgos para evitarla o para recuperar lo perdido. Las palabras que utilices en la definición del problema introducen un sesgo que, lo creas o no, te inclinará más por una solución que por otra.

¿Cómo haces un juicio de la información que se te presenta? Pues, muy al contrario de lo que puedas pensar, de una forma totalmente parcial y sesgada:

  • Obviamente, haces mucho más caso de la información que tienes presente que de la que desconoces, aunque la primera sea un 10% del total.
  • Las emociones juegan un papel muy importante. Tiene mayor relevancia la información que puedes recordar fácilmente, ya que te impactó de alguna manera en su momento.
  • Eres muy selectivo a la hora de valorar la información. Haces más caso a la información que sirve a tus propósitos que a la que te aleja de ellos.
  • Igualmente, haces más caso a la información que confirma tus opiniones y puntos de vista. Inconscientemente, no vas a pedir consejo a nadie que piense de manera muy diferente a ti.
  • Tu racionalidad está limitada: Los mismos datos pueden llevar a conclusiones muy diferentes, según los supuestos que hayas asumido como correctos.

Hoy, más que nunca, resulta fundamental saber filtrar y clasificar la información que te llega. Estás sobresaturado de información y, desgraciadamente, una buena parte de ella no es de gran calidad, ni objetiva, ni probada. Pero está ahí, es muy fácil de llegar a ella. También debes tener en cuenta que parte de la información que necesitas ya ha sido externamente filtrada y eliminada antes de empezar siquiera a realizar tu análisis.

Un problema habitual cuando ya has tomado una decisión, es no volver a cuestionarla. Aunque recibas nuevos datos que te indiquen que tomaste una decisión errónea, serás muy reacio a retractarte. Tendemos a evitar lo que atenta contra nuestra autoestima, y perdemos grandes oportunidades de aprender y de corregir errores. Y esto arruina carreras, empresas y vidas enteras.

Todo esto lleva a la conclusión de que tomar decisiones no es nada fácil. Es un arte. Si eres consciente de cómo las diferentes fuerzas internas y externas afectan a tus decisiones, y de las limitaciones a las que se enfrenta tu análisis, podrás ver un poco más allá y tener más posibilidades de hacer lo correcto.

Otros hechos curiosos que afectan a tus decisiones (inglés): 8 Things You Don’t Know Are Affecting Our Choices Every Day: The Science of Decision Making

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