Productividad y GTD

Tener estos tres buenos hábitos puede hacerte más productivo

AUTOR: Kayla Matthews
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A pesar del uso de la tecnología o el número de gente que te ayude en tu causa, nada de esto tendrá ningún tipo de sentido si no practicas buenos hábitos que potencien la productividad.

Puedes rodearte de mentes brillantes y expertos avezados y aun así serás menos productivo si raramente delegas tareas.

Poseer tecnología punta sólo significa que tienes las herramientas para lidiar con problemas y procesos más complejos. Si tiendes a la procrastinación, acabarás limitando lo que consigas durante del día.

Al final, son tus hábitos los que determinan lo que consigues en el día a día.

Aquí abajo hay tres prácticas que deberías considerar adoptar o reforzar para mejorar tu productividad personal y profesional.

1. Empieza bien el día

Hay miles de fuentes que ofrecen distintas sugerencias en como los emprendedores pueden mejorar su productividad. La gran mayoría de estos artículos y estudios coinciden en que el como empieces tu día importa. Ya seas un empleado o un emprendedor, un CEO o un escritor, lo que hagas primero determina cuánto vas a hacer al final.

Si te quieres asegurar de empezar tu día correctamente, empieza tu día estando activo. No importa a qué hora tu “día” empiece, activar tu cuerpo te lleva a estar más reactivo y atento, lo que ayuda a tu capacidad para resolver problemas y un inicio más rápido al día entero. Aunque hay un montón de argumentos a favor y en contra del café para conseguir esto, el ejercicio sigue siendo la mejor opción.

Ya sean unos minutos de estiramientos o un viaje al gimnasio para una rutina de ejercicios que ocupe toda la mañana, la gente más productiva del mundo es también la más activa. Activa tu flujo sanguíneo lo suficientemente pronto como para eliminar todos los efectos del sueño de tus músculos y poner tu mente en modo activo. Además, el ejercicio mañanero también actúa como pre-desestresante, protegiendo tu cuerpo de las consecuencias químicas que puede causarte el estrés del día.

2. No trabajes duro, trabaja de forma inteligente

El trabajo duro puede ayudarte a alcanzar el éxito, pero no te garantiza una alta productividad. Puedes trabajar duro durante horas y al final del día no estar ni de lejos en el objetivo que te marcaste al empezar, lo que explica porque los CEOs y los dueños de pequeños negocios eficientes organizan su día de manera diferente a la mayoría. Cuando se enfrentan a un proyecto enorme o a una lista interminable de entregables no intentan terminarlo todo de una sentada.

Los proyectos grandes pueden volverse abrumadores y pueden terminar inacabados por culpa del agotamiento, la impaciencia o el aburrimiento. Puedes aumentar tu productividad dividiendo el trabajo en secciones manejables, creando objetivos más pequeños para conseguir en un plazo de un día o de una hora. Progresar de esta manera crea un flujo continuo de eficiencia, y al final, terminas tus proyectos y tus entregables sin perder momentum.

Otra manera de trabajar implica delegar tareas. Una persona sola puede abarcar mucho, pero cuando las listas de tareas empiezan a acercarse a los tres dígitos, es el momento de buscar ayuda. Tanto si necesitas un compañero, un empleado o un freelance, otro par de manos pueden ayudarte a quitarte de encima trabajo de de otra forma sería inalcanzable. De hecho, con la ayuda adecuada, tu día entero puede aumentar su eficiencia en todos los niveles.

3. Aprende a priorizar

Cuando te organizas mal, cada reunión acaba en la siguiente y no tienes ni un segundo entre medias. Al final del día, es completamente posible que no te acuerdes de la mitad de cosas que has hecho. Priorizando correctamente, sin embargo, puedes conseguir más tiempo de descanso. Intenta notar cuando tus días están ocupados y reservados, pero no estás consiguiendo nada. Recuerda que las reuniones no son trabajo efectivo.

Cuando revises tu lista de tareas o tu programa de la semana, pregúntate que es verdaderamente importante. Puede que necesites una mentalidad más objetiva, pero si ves que no vas a alcanzar el final de la lista, es el momento de minimizar la cantidad de cosas del día.

Por último, presta atención a los costes operativos y tus finanzas en general. Puede que parezcan problemas aparte, pero no lo son. Cuando gastas de más o de menos, no solo gastas dinero sino tiempo también. Siendo consciente de tu presupuesto, consigues evitar tener que reevaluar algo que ya ha sido completado o alcanzado.

Estas tres prácticas, aunque muy amplias, pueden ayudarte a hacer más cosas de manera eficiente. Cualquiera que desee expandir o aumentar su productividad debería centrarse en estos tres hábitos y adoptarlos de la manera que cumplan sus necesidades particulares.

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