Productividad Personal
Obsesiónate con la calidad: El pegamento que une la Slow Productivity
AUTOR: María Sáez
En los artículos anteriores hemos hablado sobre dos de los tres principios de la Slow Productivity, término que utiliza Cal Newport en su libro Slow Productivity: El arte secreto de la productividad sin estrés para transmitir que otra productividad, más acorde con la naturaleza humana y más alejada de las prisas, es posible.
Sin embargo, es difícil intentar convencer a trabajadores del conocimiento exhaustos y sobrecargados de que la solución a su burnout no es trabajar más; hacer menos cosas y trabajar a un ritmo natural representan un cambio radical respecto a las expectativas del mundo corporativo moderno. Falta una pieza crucial del rompecabezas: ¿qué impide que “hacer menos” se convierta simplemente en “lograr menos”? ¿Cómo justificamos ante nosotros mismos y ante otros que estamos rechazando oportunidades, diciendo no a proyectos y trabajando a un ritmo que algunos considerarían “lento”?
La respuesta de Newport es contundente y desafiante: obsesiónate con la calidad de lo que produces. Este tercer principio no es simplemente otro consejo más de productividad. Es, en palabras del propio Newport, “el pegamento que mantiene unida la práctica de la Slow Productivity”. Es el elemento que transforma la simplicidad profesional de una opción a un imperativo. Porque una vez que te comprometes a hacer algo extraordinariamente bien, el bullicio y la dispersión se vuelven intolerables.
Newport describe este principio así:
Preocúpate por la calidad de lo que produces, aunque esto suponga perder oportunidades a corto plazo. Aprovecha el valor de estos resultados para obtener cada vez más libertad en tus proyectos a largo plazo.
La paradoja del valor: cuando menos es más
Para entender por qué obsesionarse con la calidad funciona, necesitamos confrontar una de las grandes paradojas de la economía moderna: en muchos casos, hacer menos y hacerlo excepcionalmente bien genera más valor que hacer mucho de manera mediocre.
Hay muchos ejemplos de esto, uno de ellos es Basecamp, la empresa de software fundada por Jason Fried y David Heinemeier Hansson. En 2014, cuando la compañía tenía varios productos de éxito en su cartera, tomaron una decisión que en Silicon Valley parecería una locura: decidieron concentrarse exclusivamente en su producto principal y dejar de lado todo lo demás. Mientras otras empresas tecnológicas perseguían el crecimiento a toda costa, ellos eligieron deliberadamente el camino opuesto.
Lo fascinante es que esta decisión les permitió algo que pocas empresas logran: mantener un equipo pequeño (menos de 60 personas), generar ingresos recurrentes millonarios y, quizás lo más importante, crear un producto que 15 millones de personas consideran indispensable. No persiguieron el crecimiento exponencial; persiguieron la excelencia. Y paradójicamente, esa obsesión por la calidad les dio algo más valioso que el simple crecimiento: libertad para trabajar en sus propios términos.
La historia se repite en industrias completamente diferentes. El Grupo Mascaró, una empresa española de calzado con casi un siglo de historia, ha mantenido su producción artesanal en Menorca cuando la mayoría de sus competidores trasladaron sus fábricas al sudeste asiático. No pueden competir en cantidad ni en precio con la manufactura industrial masiva. Pero precisamente por eso han sobrevivido donde otros han fracasado: su obsesión por la calidad les ha ganado clientes dispuestos a pagar más por productos que duran, que están bien hechos, y que significan algo.
El propósito más profundo de la calidad
Estos ejemplos ilustran algo fundamental que Newport considera el núcleo de su tercer principio: la obsesión por la calidad no es simplemente una preferencia estética o un lujo para artistas. Es una estrategia deliberada y poderosa para construir una vida profesional sostenible y significativa.
¿Por qué funciona? Hay varios mecanismos interconectados. Primero, enfocarte en la calidad te obliga, casi automáticamente, a desacelerar. No puedes producir trabajo excepcional mientras saltas frenéticamente entre tareas, respondes emails cada cinco minutos y asistes a reuniones interminables. El trabajo de calidad requiere tiempo, concentración y espacio mental. Requiere, en otras palabras, exactamente las condiciones que rigen los dos primeros principios de la Slow Productivity crean.
Segundo, la obsesión por la calidad transforma la decisión de “hacer menos cosas” de una opción razonable en una necesidad absoluta. Como escribe Newport: “Una vez que te comprometes a hacer algo muy bien, el bullicio se vuelve intolerable”. No puedes estar constantemente interrumpido y distraído cuando estás comprometido a producir tu mejor trabajo. No puedes aceptar cada nuevo proyecto que aparece cuando sabes que hacerlo comprometería la calidad de tu trabajo principal. La calidad se convierte en el filtro a través del cual evalúas todas las demandas de tu tiempo.
Tercero, la calidad excepcional genera lo que Newport llama “capital de carrera”: habilidades raras y valiosas que te otorgan poder de negociación. Cuando eres excepcionalmente bueno en algo importante, tienes opciones. Puedes negociar mejores condiciones de trabajo, puedes rechazar proyectos que no te interesan, puedes estructurar tu vida profesional de manera que proteja tu capacidad de hacer tu mejor trabajo. Es un círculo virtuoso: la calidad te da libertad, y esa libertad te permite enfocarte aún más en la calidad.
Pero hay algo más profundo aún. En un mundo saturado de contenido mediocre, productos descartables y servicios intercambiables, la calidad excepcional se destaca no solo por su rareza, sino porque llena una necesidad humana fundamental: nuestro deseo de crear y experimentar cosas que importen, que duren, que signifiquen algo más allá del momento inmediato.
Los orígenes históricos: la mentalidad artesanal
La idea de obsesionarse con la calidad no es nueva. De hecho, es profundamente antigua. Richard Sennett, profesor de Yale, define el oficio artesanal como “un impulso humano básico y duradero: el deseo de hacer bien un trabajo por sí mismo”.
En la Europa medieval y renacentista, la cultura de los gremios artesanales proporcionaba un marco completo para canalizar este impulso. Los aprendices pasaban años, incluso décadas, bajo la tutela de maestros artesanos, aprendiendo no solo técnicas específicas sino una mentalidad completa centrada en la excelencia.
Los antiguos griegos consideraban a su dios artesano, Hefesto, como un portador de paz y civilización. Para ellos, el oficio y la comunidad eran indisociables. Ser excepcionalmente bueno en tu trabajo no era solo una estrategia financiera inteligente; estaba en el tejido mismo de la civilización. La excelencia era un valor cultural central, no una preferencia personal.
Esta mentalidad artesanal persistió en diferentes formas a través de los siglos. Los científicos del Renacimiento como Galileo y Newton no veían su trabajo como una serie de tareas a completar, sino como obras a perfeccionar. Jane Austen, trabajando en circunstancias modestas en la campiña inglesa, revisaba meticulosamente sus manuscritos, puliendo cada oración. Georgia O’Keeffe pasaba meses en el desierto de Nuevo México, estudiando la luz y la forma hasta que podía capturar exactamente lo que veía en su mente.
Lo que todos estos creadores compartían era una relación completamente diferente con el trabajo de la que prevalece en las oficinas modernas. No medían su productividad por el número de emails enviados o reuniones atendidas. No celebraban el “estar ocupados” como una virtud. En cambio, evaluaban su trabajo por un únco estándar: ¿es excelente?
De la pseudo-productividad a la calidad genuina
La cultura corporativa moderna ha sustituido casi por completo esta mentalidad artesanal por lo que Newport denomina pseudo-productividad: el uso de la actividad visible como sustituto aproximado del esfuerzo productivo real.
Probablemente la propia naturaleza del trabajo del conocimiento haya influido bastante. Al fin y al cabo, el trabajo intelectual es notoriamente difícil de cuantificar. ¿Cómo mides la productividad de un diseñador, un programador, un estratega de negocios o un escritor? Sin métricas claras, las organizaciones y los trabajadores han caído en lo más fácil: confundir estar ocupado con ser productivo.
Así, muchas veces priorizamos tareas que son “visiblemente productivas” (responder emails, asistir a todas las reuniones, trabajar hasta tarde, etc.) sobre el trabajo que realmente genera valor.
Obsesionarse con la calidad es el antídoto. Cuando la calidad se convierte en tu métrica principal, todo lo demás se reorganiza a su alrededor. Empiezas a hacer preguntas diferentes: ¿Esta reunión me ayudará a producir un mejor trabajo? ¿Vale la pena empezar este proyecto a costa de comprometer la calidad de mi trabajo principal? ¿Esta respuesta rápida de email es realmente necesaria, o solo estoy alimentando la ilusión de productividad?
Cómo cultivar la obsesión: estrategias concretas
Como con los principios anteriores, Newport proporciona estrategias específicas para cultivar la valoración de la calidad.
Su primera propuesta es que trates de mejorar tu gusto. El gusto es tu capacidad de distinguir entre trabajo promedio y trabajo excepcional. Desarrollar un sentido más refinado del gusto en tu campo te empuja a mejorar tus habilidades y apuntar más alto. Algunas estrategias para ello son:
- Conocer otros campos diferentes al tuyo (cine, literatura, arte) proporciona una actitud más abierta y puede ayudar a tu inspiración.
- Reunirte regularmente con personas que comparten tus mismas ambiciones profesionales te permite observar otros enfoques y acceder a un “gusto” más diverso.
- Utilizar herramientas de calidad, además de incrementar la calidad de tu propio trabajo, puede estimularte a hacer mejor las cosas. La sensación de “ser un profesional auténtico” puede ser muy valiosa.
Otra estrategia más desafiante es apostar por ti mismo. Esto puede significar cosas diferentes para diferentes personas. Para algunos, podría significar levantarse a las 5 de la mañana para trabajar en un proyecto personal antes de la jornada laboral. Para otros, podría implicar reducir gastos deliberadamente para tener la libertad de rechazar trabajo mal pagado o insatisfactorio. Para algunos, incluso podría significar buscar mecenazgo o apoyo financiero para crear el espacio necesario para producir un trabajo excepcional.
La cuestión es que apostar por ti mismo requiere riesgo y compromiso, algo que te empujará en la búsqueda de la calidad. Newport advierte que no se trata de “seguir tu pasión” de manera imprudente. No sugiere que renuncies a tu trabajo mañana para perseguir tu sueño, sino un enfoque equilibrado: comienza desarrollando habilidades excepcionales mientras mantienes estabilidad. Luego, usa esas habilidades como palanca para crear más libertad y control.
Conclusión: el pegamento que mantiene todo unido
Newport describe la obsesión por la calidad como el pegamento que mantiene unida la práctica de la Slow Productivity. Es el principio que hace que los otros dos funcionen, que transforma una filosofía interesante en una práctica sostenible.
Hacer menos cosas se vuelve más fácil cuando sabes que hacerlo te permite hacer tu mejor trabajo. Trabajar a un ritmo natural se vuelve natural cuando entiendes que el gran trabajo requiere tiempo. Y obsesionarse con la calidad se vuelve posible cuando has limpiado tu calendario y dado a tu trabajo el espacio que necesita para respirar.
Quizás lo más interesante de este enfoque es que cambia la conversación sobre la productividad. Ya no se trata de hacer más cosas más rápido. No se trata de optimizar cada minuto de tu día. No se trata de parecer ocupado. Se trata de producir trabajo que importe, trabajo que perdure, trabajo del que puedas estar orgulloso.


Un comentario
Buenos días. Como sucede con muchos de estos artículos que aparecen en el blog, me resultan muy interesantes, ilustrativos y motivadores. Muchas gracias por desarrollar el resumen y compartirlo. De hecho, ya he comprado el libro y lo estoy leyendo.
Buenos días. Como sucede con muchos de estos artículos que aparecen en el blog, me resultan muy interesantes, ilustrativos y motivadores. Muchas gracias por desarrollar el resumen y compartirlo. De hecho, ya he comprado el libro y lo estoy leyendo.