Getting Things Done - GTD

Empieza con el Final en la Mente

AUTOR: Francisco Sáez Tags Motivación Hábitos Reflexionar Perspectiva
"Tienes que pensar en cosas grandes mientras haces cosas pequeñas, para que todas las cosas pequeñas vayan en la dirección correcta". ~ Alvin Toffler

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Begin with the end in mind

¿Cómo te gustaría estar dentro de unos años? Seguramente has leído u oído esta pregunta en infinidad de sitios, pero nunca te la has tomado muy en serio, porque crees que pensar en “ello” no te va a llevar a “ello”. O porque no quieres enfrentarte a la cruda realidad: ¿Eres quien siempre has querido ser? ¿Estás haciendo lo que siempre soñaste que te gustaría hacer?

Mucha gente pasa la vida estando muy ocupados en cosas que realmente no son importantes, logrando éxitos a expensas de cosas que son mucho más valiosas para ellos. Si no nos apoyamos en la visión adecuada, cada paso que demos nos llevará al lugar equivocado más rápidamente.

Empezar con el final en la mente es uno de Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas que define el famoso bestseller de Stephen Covey. En su forma más básica, significa tener siempre la imagen del final de tu vida como marco de referencia para evaluar todo lo demás. Tiene que ver con empezar las cosas teniendo una idea clara de cuál es el destino, de modo que los pasos que demos vayan siempre en la dirección correcta. Si hemos de estar ocupados, que sea haciendo aquello que es importante para nosotros.

Está basado en el principio de que las cosas siempre se crean dos veces, la primera vez en la mente y la segunda en la realidad física. Estudios realizados sobre nuestro Sistema de Activación Reticular sugieren que visualizando nuestro objetivo y siendo plenamente conscientes, activamos toda nuestra energía y las facultades personales que permiten conseguirlo efectivamente.

Actualmente, este poderoso concepto se aplica en multitud de contextos y áreas de nuestra vida: liderazgo, creación de empresas, gestión de proyectos, competición deportiva, productividad personal… Los entrenadores enseñan a los atletas de élite a imaginar el éxito final de una prueba antes de empezar. Teniendo claro cómo debe finalizar un proyecto, seremos capaces de planificarlo de forma eficiente, seremos capaces de comunicar mejor su propósito a las personas involucradas y tendremos la motivación adecuada para afrontarlo.

David Allen, precursor de la metodología GTD, también se apoya es este concepto al definir su forma natural de planificar los proyectos: “para tener acceso a todos recursos disponibles—conscientes o inconscientes—, debes tener una imagen clara en tu mente de cómo debería ser el éxito”.

Además nos propone un modelo de 6 niveles de perspectiva para evaluar nuestro trabajo diario en función de nuestra visión de la vida. Los dos primeros niveles se encargan de programar nuestro cerebro para ir en esa dirección:

  1. Propósito: ¿Qué quieres hacer con tu vida?
  2. Visión: ¿Cómo quieres estar en los próximos 3-5 años?
  3. Objetivos: ¿Qué quieres conseguir, personal y profesionalmente, en los próximos 1-2 años?
  4. Áreas de enfoque: ¿Qué áreas de tu vida merecen tu atención?
  5. Proyectos: ¿Qué compromisos estás tomando para alcanzar tus objetivos?
  6. Acciones: ¿Qué pasos estás dando para cumplir con los niveles superiores?

Reflexionar sobre dónde te gustaría estar en unos años, a todos los niveles (carrera, familia, logros personales, etc.), puede cambiar la forma en que ves tu vida. Definir claramente tu visión te ayuda a tomar decisiones, identificar soluciones y afrontar cuestiones críticas.

Dicen que la mejor forma es escribiendo una declaración de quién quieres ser, qué da significado a tu vida y cómo te gustaría vivir. ¿Te animas a probar? La declaración debe ser muy clara, sin ambigüedades. Debe describir el futuro deseado, de una manera atractiva y memorable. Debe mostrar aspiraciones realistas, alcanzables, y alineadas con tu propósito de vida y tus valores.

Por supuesto, las cosas no van a suceder sólo por pensar en ellas. Si visualizas pero no actúas, sólo estás soñando. La visión debe apoyarse en una estrategia, un plan que permita abordarla eficientemente. Para eso están el resto de niveles de perspectiva: objetivos, áreas de enfoque, proyectos y acciones.

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