Productividad Personal

La productividad empieza por eliminar, no por añadir

AUTOR: María Sáez
tags Atención Objetivos Tomar Decisiones

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La productividad empieza por eliminar, no por añadir

Cada nuevo año llega cargado de propósitos. Aprender un nuevo idioma, hacer más ejercicio, leer más libros, desarrollar un proyecto personal… La lista crece y crece, alimentada por la ilusión de convertirnos en versiones mejoradas de nosotros mismos. Pero hay un problema: nuestra capacidad de atención y energía es finita, y mientras seguimos añadiendo compromisos a nuestras vidas, raramente nos detenemos a preguntarnos qué deberíamos eliminar.

La paradoja de la productividad moderna es que, con frecuencia, ser más productivo no significa hacer más cosas, sino hacer menos. La verdadera productividad personal no se mide por la cantidad de tareas completadas, sino por nuestra capacidad de lograr el máximo de resultados con el mínimo esfuerzo. Y eso requiere, inevitablemente, saber decir que no.

El poder transformador del propósito

Aquí está el quid de la cuestión: ¿cómo decides qué actividades eliminar y cuáles conservar? La respuesta no está en técnicas de gestión del tiempo ni en aplicaciones de productividad más sofisticadas. Está en algo mucho más fundamental: tener absoluta claridad sobre tu propósito.

Cuando conoces tu propósito con precisión, cada decisión se vuelve más sencilla. Tener claro el propósito predice de manera consistente la forma en que las personas hacen su trabajo. Es como tener un faro en medio de la niebla: no elimina los obstáculos, pero te muestra claramente el camino a seguir. Por el contrario, cuando no existe un propósito claro, la motivación se desvanece y la cooperación con otros se deteriora. Acabamos diciendo sí a todo, y cada nueva oportunidad se siente tan válida como la anterior.

Un nivel alto de claridad hace que las personas progresen. No porque trabajen más horas o se esfuercen más intensamente, sino porque dedican su energía a lo que realmente importa.

Tu objetivo esencial: la brújula que lo cambia todo

Greg McKeown, en su libro Esencialismo: Logra el máximo de resultados con el mínimo esfuerzo, introduce el concepto de objetivo esencial como una alternativa personal a las tradicionales definiciones empresariales de visión y misión. Un objetivo esencial es algo único: es tanto motivacional como concreto, tanto significativo como cuantificable. No es una aspiración vaga como “ser feliz” o “tener éxito”, sino una declaración clara que combina inspiración con especificidad.

Lo más poderoso de un objetivo esencial bien definido es que se convierte en una decisión que sienta las bases de mil decisiones posteriores. Imagínalo como un filtro automático para tu vida: cada vez que surge una nueva oportunidad, una nueva petición o una nueva tentación, puedes evaluarla instantáneamente contra tu objetivo esencial. ¿Te acerca a él? Adelante. ¿Te desvía o te mantiene estancado? Es hora de decir que no.

Este concepto tiene un paralelismo directo con lo que David Allen describe en Organízate con eficacia: El arte de la productividad sin estrés cuando habla del propósito como algo que da sentido y dirección a tu vida. En la metodología GTD, el propósito ocupa el nivel más alto de perspectiva, y es desde ahí desde donde todas las demás decisiones cobran coherencia.

El desafío de la definición

Seamos honestos: definir tu objetivo esencial no es tarea fácil. No es algo que puedas hacer en una tarde lluviosa mientras tomas un café. Requiere hacer preguntas difíciles, esas que preferirías evitar. ¿Qué es lo que realmente valoro? ¿Qué impacto quiero tener en el mundo? ¿Qué estoy dispuesto a sacrificar para conseguirlo?

También exige hacer concesiones reales. Aceptar que no puedes tenerlo todo, que elegir un camino significa renunciar a otros, por atractivos que parezcan. Y lo más difícil de todo: aplicar una verdadera disciplina para dejar de lado esas otras “prioridades” que constantemente te desvían de tu verdadero objetivo.

Pero aquí está la recompensa: una vez que tienes claridad sobre tu objetivo esencial, el ruido se disipa. Las decisiones que antes te paralizaban se vuelven evidentes. La culpa por decir que no desaparece. Y descubres que tienes más tiempo, más energía y más espacio mental para dedicar a lo que genuinamente importa.

Empieza el año eliminando

Este comienzo de año es un momento perfecto para hacer un ejercicio diferente. En lugar de añadir más resoluciones a tu lista, dedica tiempo a identificar todas aquellas actividades, compromisos y obligaciones que no están alineadas con lo que realmente pretendes alcanzar.

Revisa tu calendario de los últimos meses. Examina tus listas de proyectos. Pregúntate honestamente: ¿cuántas de estas cosas te están acercando a tu objetivo esencial? ¿Cuántas las haces por inercia, por obligación social, o simplemente porque alguna vez pensaste que deberías hacerlas?

La verdadera productividad, la que conduce a una vida más plena, comienza con la sustracción, no con la adición. Empieza por eliminar.

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María Sáez

María es licenciada en Bellas Artes, y trabaja en FacileThings creando contenidos digitales educativos sobre la metodología Getting Things Done y la aplicación FacileThings.

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2 comentarios

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Comentado hace un día Maria Héguiz

Excelente este artículo y todos . Gracias!!

avatar Maria Héguiz

Excelente este artículo y todos . Gracias!!

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Comentado hace 16 minutos María Sáez

Gracias a ti por el apoyo, María. Nos complace ser de ayuda y que encuentres valor en lo que hacemos.

avatar María Sáez

Gracias a ti por el apoyo, María. Nos complace ser de ayuda y que encuentres valor en lo que hacemos.

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