Productividad y GTD

Dos Maneras de Pensar, un Objetivo

AUTOR: Francisco Sáez
Blog productivity

Seguramente seas consciente de que hay momentos en tu vida en que tienes pensamientos del tipo “¿Qué puedo hacer para ser más competitivo o productivo?”, “¿Cómo puedo mejorar mis habilidades e impulsar mi carrera?”, “¿Debería irme a vivir a tal o cual ciudad?”. Este tipo de pensamiento big-picture se denomina divergente, y es el que utilizas para generar ideas cuando te enfrentas a un problema.

Hay otros momentos, más frecuentes, en los que tus pensamientos giran en torno a cosas como “¿En qué tareas debería concentrarme hoy?”, “Es urgente que envíe ese e-mail”. Este tipo de pensamiento se denomina convergente y es el que utilizas al analizar y ordenar tus ideas para obtener el mejor resultado posible.

Ambos tipos de pensamiento son necesarios para solucionar problemas, pero la frecuencia y el orden en que los utilices determinan, no solo tu productividad, sino también tu capacidad para ser efectivo y lograr tus objetivos.

Si cuando necesitas dirección y orientación, te quedas atrapado en el día a día sin levantar la cabeza para reflexionar, llegará un momento en que estés ocupado haciendo cosas que probablemente no te lleven a ningún sitio. Y, como decía Peter Drucker, no hay nada tan inútil como hacer eficientemente algo que no debería hacerse.

Si después de reflexionar sobre lo que tienes que hacer y planificar tus próximas acciones, dejas que tu cabeza siga divagando y no te centras en hacer lo que te has propuesto, tus proyectos, obviamente, no avanzarán. Y es fácil caer en esta trampa porque pensar es más divertido que hacer; buscar ideas es una actividad creativa, que muchas veces implica garabatear en un cuaderno, leer blogs, hacer tormentas de ideas o conversar con amigos. Por otra parte, llevarlas a cabo implica currar.

Para ser productivo, debes ser capaz de bascular convenientemente entre el pensamiento divergente y el convergente. Alternar con mucha frecuencia entre estas dos formas de pensar, o pensar al mismo tiempo tanto en los detalles del día a día como en el panorama completo, no permite avanzar mucho y puede ser una fuente importante de estrés.

Para mi, lo ideal es alternar entre ambas formas de pensar con una periodicidad que te permita tener siempre la sensación de ir por el camino correcto y, a la vez, tener tiempo suficiente para avanzar algo por ese camino. Dentro de esa premisa, cuanto más corto sea el periodo, mejor.

Un periodo relativamente corto permite crear momentum: piensas cómo vas a lograr tu objetivo, planificas unas cuantas tareas, las haces y vuelves a plantear rápidamente las siguientes acciones a realizar. De esta manera obtienes resultados rápidos que te animan a continuar. Los periodos largos pueden terminar quemándote, provocando la sensación de que estás atrapado en un proyecto sin fin. Personalmente, trato de realizar ciclos de no más de 2 ó 3 semanas.

¿Te has parado a pensar alguna vez en cómo gestionas estos dos tipos de pensamiento?

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