Productividad y GTD

¿Debes utilizar métodos formales de productividad?

AUTOR: Francisco Sáez

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GTD, Autofocus, ZTD, la técnica Pomodoro, Kanban Personal… La productividad personal siempre ha estado rodeada de diferentes métodos formales que pretenden sistematizar nuestro comportamiento de modo que sea menos errático y nos permita centrarnos mejor en lo que tenemos que hacer. Cada cierto tiempo aparece un nuevo método — o una variación de uno ya existente — avalado por un buen puñado de evangelistas, que disfruta de un periodo de relativa popularidad… hasta que es sustituido por la siguiente novedad.

Muchas personas, perdidas en un mar de tareas sin hacer, saltan al último método de moda, con la esperanza de que les funcione mejor que el anterior y sea la solución definitiva a todos sus problemas. Al final del día, no importa lo bueno que sea el nuevo invento, estas personas siguen igual de perdidas que al principio.

La mayoría de los métodos se basan en las experiencias de un grupo de personas (cuánto más grande sea el grupo, más posibilidades de que el método sea realmente útil) que tienen un conjunto de características y comportamientos en común. Ninguno es universal y se puede aplicar con éxito en todos los casos, a todas las personas. Diferentes formas de trabajo, e incluso estilos de vida, favorecen o desaconsejan el uso de un método.

También tienes que tener en cuenta que, aunque un método formal puede aportarte beneficios, éstos solo se manifestarán después de un proceso de aprendizaje más o menos largo en el que debes comprender y utilizar correctamente los conceptos y criterios en los que se basa el método. El mero hecho de adoptar un método no es suficiente. Debes ser consciente de que los primeros proyectos con que emplees una nueva técnica van a servir de conejillos de indias.

Evidentemente, algunos de ellos funcionan. Y muy bien. Es fácil distinguir cuáles son. Son aquéllos que no pasan de moda y que siguen ganando adeptos con el paso de los años. Por ejemplo, GTD es un método que nació en 2001 y que cada vez recomiendan y enseñan más consultores y coach. Se publican cada semana montones de artículos en diferentes idiomas a lo ancho y largo de la web, y muchos desarrolladores de aplicaciones toman prestados sus conceptos y criterios para construir sus aplicaciones de productividad. Otro ejemplo es la técnica Pomodoro, que nació en 1992 dirigida principalmente a estudiantes que se distraían con facilidad, y ha ido ganando adeptos en el mundo de la programación y del diseño, precisamente por ser entornos de trabajo plagados de interrupciones.

¿Debes utilizar métodos formales de productividad? Por supuesto. Si después de un análisis cuidadoso, crees que necesitas utilizar un método formal, adelante. Pero siempre teniendo en cuenta que son sólo una herramienta más y que tú eres el último responsable de tu productividad, no el método. La productividad personal es, principalmente, una cuestión de hábitos.

  • No adoptes un método o técnica a ciegas, sin ponerlo en el contexto adecuado.
  • No subestimes el coste de adoptar nuevos métodos y herramientas.
  • No seas un esclavo de los métodos formales. Refina, mejora, adapta, amplía. Tú eres único.

¿Has probado algún método de productividad personal? ¿Cuál te funciona?

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